Un flechazo internacional desde Capri
En el verano de 2022, una boutique en la isla italiana de Capri descubrió los diseños de Zahati a través de las redes sociales. Allí, la actriz de Hollywood Blake Lively se enamoró de una espectacular pamela de paja de trigo de un metro de diámetro e insistió en lucirla en su película ‘Un pequeño favor 2’ (A Simple Favor 2). A pesar de las reticencias iniciales del equipo de vestuario, la perseverancia de la protagonista de ‘Gossip Girl’ catapultó este diseño, originario de un pequeño pueblo español, al escenario internacional.
Cinco generaciones de artesanía familiar
Los orígenes de Zahati se remontan a 1880, cuando el tatarabuelo de la actual directora, Sandra Mira, fundó el negocio vendiendo artículos de palmito. Fue en 1920 cuando su bisabuelo introdujo la paja de trigo, material que hoy constituye aproximadamente el 90% de sus creaciones. Sandra, que creció en el taller familiar y tras ejercer cinco años como arquitecta, sintió la llamada de la tradición cuando sus tías revitalizaron el negocio en 2015. En 2019, decidió fundar su propia marca, Zahati, con el objetivo de fusionar la artesanía tradicional con una estética contemporánea.
La resistencia de un taller ‘slow fashion’
El taller de Zahati, ubicado en Gata de Gorgos, sigue operando con máquinas de coser paja de 1920. El mantenimiento de estas reliquias, ya descatalogadas, es un desafío que depende de encontrar piezas sueltas. Actualmente, su equipo de siete artesanas produce unas 5.000 piezas al año, exportando a Francia, Alemania, Estados Unidos, Japón y Reino Unido. Su prestigio les llevó a recibir en 2021 una propuesta de colaboración de la reconocida cadena de grandes almacenes El Corte Inglés.
Los desafíos contemporáneos de la artesanía tradicional
A pesar de su éxito, Zahati se enfrenta a importantes desafíos estructurales. Sandra Mira confiesa que la sucesión generacional es el mayor obstáculo: la artesana más joven del taller tiene 55 años y resulta difícil atraer a nuevas generaciones al oficio. A esto se suma el encarecimiento de las materias primas y la competencia de imitaciones de bajo coste procedentes de plataformas de comercio electrónico asiáticas. Pese a todo, Sandra se mantiene firme en su decisión de que toda la producción se realice íntegramente en España para preservar el alma y la autenticidad de la marca.