Según el último informe «Renta y gasto de los hogares españoles por edad y género» publicado por la Fundación Mapfre y Fedea (Fundación de Estudios de Economía Aplicada), los activos totales del país han alcanzado los 1,53 billones de euros, lo que equivale al 111% del Producto Interior Bruto (PIB). Sin embargo, la distribución de esta enorme riqueza entre los distintos grupos de edad presenta una extrema disparidad.
Las personas mayores se consolidan como la principal fuerza de riqueza
Los datos indican que, a fecha de 2022, la población mayor de 55 años en España alcanzaba los 16,1 millones de personas, lo que representa el 34% de la población total. Este grupo no solo generó el 32,8% del PIB nacional, sino que concentró 592.719 millones de euros en rentas de mercado y recursos asistenciales. En términos de reservas financieras, poseen 73.578 millones de euros, lo que supone el 68% del ahorro total de los hogares del país.
Juan Fernández Palacios, director del Centro de Investigación Ageingnomics de la Fundación Mapfre, señala que el colectivo de personas de mediana y avanzada edad sostiene toda la red familiar a través de la transmisión intergeneracional de la riqueza, convirtiéndose en el pilar absoluto de la estabilidad económica y patrimonial del país. Además, este grupo percibe anualmente unos 183.070 millones de euros en prestaciones monetarias públicas (principalmente pensiones), al tiempo que aporta el 34,5% de los impuestos y cotizaciones sociales a nivel nacional (aproximadamente 138.173 millones de euros).
Las nuevas generaciones afrontan una profunda dependencia económica
En marcado contraste con el sólido patrimonio de las personas mayores, el grupo de jóvenes de 29 años o menos se encuentra en una clara posición de desventaja en el panorama económico nacional. El informe muestra que esta franja de edad apenas posee el 21,6% de los recursos del país (unos 330.983 millones de euros).
Debido a que los salarios iniciales suelen ser generalmente bajos, el consumo diario de los jóvenes españoles depende en gran medida del apoyo financiero en el seno familiar, así como del gasto público estatal en áreas como la educación y la sanidad. Aunque las autoridades gubernamentales han subrayado en repetidas ocasiones que el PIB nacional mantiene una tendencia de crecimiento continuo, el elevado coste de la vida y las barreras casi infranqueables para acceder a la compra de una vivienda impiden que este colectivo juvenil disfrute plenamente de los beneficios de la recuperación macroeconómica.
La población de mediana edad asume la carga fiscal principal
En el engranaje del sistema de bienestar estatal, la población activa de entre 30 y 54 años desempeña el papel fundamental de motor productivo. Como principales contribuyentes netos al sistema de seguridad social, este grupo genera anualmente recursos económicos que ascienden a 606.852 millones de euros y asume más de la mitad de la recaudación fiscal y las cotizaciones sociales de todo el país.
Esta estructura fiscal, en la que las aportaciones de la población de mediana edad financian ambos extremos poblacionales (aportando fondos para las pensiones de los mayores y la educación pública de los jóvenes), evidencia la fuerte dependencia del funcionamiento de la sociedad española respecto a una franja de edad específica, al tiempo que refleja los riesgos latentes a largo plazo que subyacen en el actual modelo de distribución de la riqueza nacional.