El mercado del vehículo eléctrico en España se enfrenta a una contradicción fundamental: aunque la infraestructura de recarga ha experimentado un crecimiento notable en cantidad, su calidad, fiabilidad y comodidad están lejos de satisfacer las necesidades reales de los usuarios, suponiendo un serio desafío especialmente para los viajes largos. Un reciente y detallado informe de la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) analiza sistemáticamente esta situación.
Estado de la red de recarga: crecimiento en número y brecha de cumplimiento
Según datos de febrero de 2026, en toda España se han desplegado alrededor de 13.500 estaciones de recarga públicas, con un total de casi 45.000 conectores. Sin embargo, el estudio de campo de la OCU revela que esta expansión cuantitativa no se ha traducido en una mejora paralela de la calidad de la red. En la red principal de carreteras de España, solo la autovía A-62 cumple básicamente con el requisito del Reglamento de Infraestructuras de Combustibles Alternativos (AFIR) de la UE, que exige una estación de carga rápida cada 60 kilómetros. Otras vías principales presentan problemas comunes como una distancia excesiva entre puntos de recarga, potencias inferiores a 50 kW o averías frecuentes, lo que llena de incertidumbre la planificación de viajes largos para los propietarios de vehículos eléctricos.
Puntos débiles de la experiencia de usuario: averías, tarifas poco transparentes y barreras operativas
El informe subraya que, incluso cuando los usuarios logran encontrar una estación, la experiencia de recarga real suele ser frustrante. Muchos cargadores presentan problemas como tarifas no publicadas de forma clara, potencias de carga reales que no se corresponden con las nominales, y procesos de pago y activación engorrosos. Un problema generalizado es que muchos operadores exigen descargar su propia aplicación móvil (app) y completar un registro, lo que crea barreras tecnológicas innecesarias para usuarios ocasionales, turistas y conductores locales poco familiarizados con el sistema. Además, la distribución de los cargadores rápidos de más de 50 kW, cruciales para los viajes largos, es extremadamente desigual en la red viaria, destacando la persistencia de “zonas muertas” de recarga.

Controversia por los cambios de política: la reducción de ayudas genera preocupación sobre la accesibilidad
Además de las deficiencias en la infraestructura física, la OCU critica duramente los últimos ajustes en las políticas de incentivos del Gobierno. Según el recién promulgado Real Decreto 2/2026 y el plan “Auto+” que lo acompaña, la ayuda directa máxima para la compra de un vehículo eléctrico se ha reducido de 7.000 a 4.500 euros. Más importante aún, el plan ha eliminado las subvenciones para la instalación de puntos de recarga privados en los hogares. La OCU considera que esta serie de cambios debilita significativamente el atractivo económico del coche eléctrico para el consumidor medio, creando nuevas barreras de compra especialmente para familias con bajos ingresos y residentes en apartamentos que no pueden instalar un cargador privado.
El llamamiento de la OCU: desarrollar una estrategia nacional unificada de recarga
Ante estos desafíos, la OCU insta al Gobierno español a tomar medidas decididas. La organización pide la elaboración inmediata de una estrategia nacional para el desarrollo de la red de recarga que sea vinculante para todas las comunidades autónomas. El objetivo central de esta estrategia debe ser garantizar una infraestructura de recarga equilibrada, fiable y fácil de usar, prestando especial atención a las necesidades de los residentes sin plaza de aparcamiento privada. La OCU lo deja claro en su informe: “La sostenibilidad no debe ser un lujo al alcance de una minoría privilegiada”, subrayando los principios de equidad y universalidad en la promoción de la movilidad eléctrica.