Según las estimaciones del Sistema de Monitorización de la Mortalidad diaria (MoMo), la persistente ola de calor del verano de 2026 se ha convertido en una crisis de salud pública, asociada a más de 3.000 fallecimientos en todo el país. Detrás de estas alarmantes cifras se encuentra la pérdida de tres jóvenes vidas, todas a causa de golpes de calor, lo que vuelve a encender las alarmas sobre la seguridad infantil frente a las altas temperaturas.
Tres muertes de menores que se podían haber evitado
En tan solo unas pocas semanas, España ha sido testigo de tres trágicas muertes de menores por golpe de calor, cuyas circunstancias son desoladoras:
- En Valls (Tarragona), un niño de solo 2 años falleció tras ser olvidado accidentalmente durante horas en el coche de su padre debido a las altas temperaturas del interior.
- En Fuerteventura, un bebé de 20 meses también perdió la vida al quedar atrapado en un vehículo bajo un calor extremo.
- En Córdoba, un adolescente de 13 años murió tras sufrir un grave golpe de calor después de realizar deporte al aire libre durante las horas de más calor.
Los pediatras subrayan que el punto en común de estos tres sucesos es su “alta previsibilidad”, lo que evidencia las lagunas de conocimiento sobre la prevención del calor en niños por parte de los cuidadores y la sociedad.
¿Por qué los niños son más vulnerables al golpe de calor? Un análisis de su fragilidad fisiológica
Los niños, especialmente los lactantes y menores de cinco años, son un grupo de alto riesgo. Sus características fisiológicas hacen que su tolerancia al calor sea mucho menor que la de los adultos:
- Mecanismos de termorregulación inmaduros: Las glándulas sudoríparas de los niños aún están en desarrollo, lo que reduce la eficacia de la refrigeración a través del sudor.
- Mayor producción de calor: En relación con su peso, los niños tienen un metabolismo más activo y su cuerpo genera más calor.
- Alta dependencia: Los bebés y niños pequeños no pueden expresar verbalmente la sed o el malestar por el calor, ni pueden moverse a un lugar más fresco o hidratarse por sí mismos, dependiendo completamente del cuidado de un adulto.
Cuando el cuerpo no puede disipar el calor de forma eficaz y la temperatura corporal central supera los 40 °C, se produce un golpe de calor. Se trata de una emergencia médica extremadamente peligrosa que puede causar daños permanentes en múltiples órganos como el cerebro, el corazón y los riñones, e incluso la muerte.

La “trampa de calor”: el peligro mortal de los coches en verano
Un coche aparcado al sol es uno de los escenarios más peligrosos para un niño. Los estudios demuestran que, incluso con una temperatura exterior de 35 °C, el interior de un vehículo cerrado puede superar los 50 °C en solo 15 o 20 minutos. Dejar una ventanilla entreabierta no impide de forma efectiva este drástico aumento de temperatura.
Los expertos señalan que olvidar a un niño en el coche no siempre es una negligencia consciente; el estrés, la fatiga o un cambio repentino en la rutina pueden provocar un “fallo de la memoria prospectiva”. Para evitar estas tragedias, la Asociación Española de Pediatría (AEP) recomienda crear hábitos de seguridad, como dejar un objeto indispensable (el móvil, el bolso) en el asiento trasero junto a la silla infantil, obligándose así a revisar la parte de atrás antes de salir del vehículo.
Cómo reconocer un golpe de calor y actuar de emergencia
Es crucial aprender a identificar las señales tempranas y de peligro de un golpe de calor.
- Síntomas iniciales: Irritabilidad, sed intensa, piel muy caliente pero posiblemente seca, fatiga extrema, mareos o dolor de cabeza.
- Señales de peligro: Temperatura corporal superior a 40 °C, confusión, delirios, convulsiones, pérdida de consciencia y la posible “hipertermia sin sudoración”.
Ante cualquier señal de peligro, se debe llamar inmediatamente al teléfono de emergencias 112. Mientras se espera la llegada de la ayuda, se deben seguir los siguientes pasos:
- Traslado: Mover rápidamente al afectado a un lugar fresco y bien ventilado.
- Enfriamiento: Quitar el exceso de ropa, rociar el cuerpo con agua fresca o aplicar paños húmedos, y abanicar continuamente. Se pueden colocar compresas frías en zonas con grandes vasos sanguíneos como el cuello, las axilas y las ingles.
- Hidratación: Si la persona está consciente, darle a beber pequeños sorbos de agua fresca o una bebida isotónica. Nunca dar líquidos a alguien que esté confuso o con convulsiones para evitar el riesgo de asfixia.
Finalmente, los pediatras reiteran que la prevención es la forma más eficaz de proteger a los niños del calor. Las medidas clave incluyen: no dejar nunca a un niño solo en un coche, bajo ninguna circunstancia, evitar el ejercicio intenso al aire libre durante las horas más calurosas del día (generalmente entre el mediodía y las 17:00), asegurarse de que los niños vistan ropa ligera de colores claros y se mantengan bien hidratados.