En el mercado del alquiler en España, la controversia sobre quién debe hacerse cargo de las reparaciones por daños en las instalaciones es uno de los problemas más comunes entre propietarios e inquilinos. Aunque la ley española establece un marco regulatorio claro, la definición de los detalles específicos a menudo genera disputas. Conocer el reparto de estas responsabilidades legales es clave para proteger los derechos de ambas partes.
Marco legal: La obligación principal de conservación del propietario
Según el artículo 21 de la Ley de Arrendamientos Urbanos (LAU), la responsabilidad primordial del propietario es garantizar que la vivienda alquilada se mantenga en condiciones de habitabilidad. Esto significa que todas las reparaciones importantes que afecten a la “habitabilidad” de la vivienda corren a cargo del propietario, quien debe asumir su coste. Estas reparaciones suelen incluir:
- Problemas estructurales de la vivienda, como grietas en el techo o humedades en las paredes.
- Averías en los sistemas de suministros esenciales, como la rotura de tuberías o cortocircuitos eléctricos.
- Fallos graves en equipos clave como la calefacción o el sistema de agua caliente.
Salvo que el daño haya sido causado directamente por negligencia o mala fe del inquilino, el propietario está obligado a realizar la reparación. Si el propietario se niega a hacerlo, el inquilino no solo tiene derecho a rescindir el contrato unilateralmente, sino que también puede reclamar una indemnización conforme a la ley.
Responsabilidad del inquilino: Pequeñas reparaciones y mal uso
En contraposición a la obligación del propietario de realizar las obras mayores, el inquilino es responsable de las “pequeñas reparaciones” que exija el desgaste por el uso ordinario de la vivienda. Generalmente, se trata de arreglos de bajo coste que no afectan a las condiciones básicas de habitabilidad, como cambiar una bombilla fundida, arreglar una cerradura suelta o un grifo que gotea.
La ley no ofrece una lista precisa que distinga entre “reparaciones importantes” y “pequeñas reparaciones”, lo que crea una zona gris en la práctica. En la jurisprudencia, un criterio orientativo no oficial es que las reparaciones cuyo coste se sitúa entre unas pocas decenas y unos 150 euros tienden a ser consideradas “pequeñas reparaciones” a cargo del inquilino.
Además, si el daño en las instalaciones de la vivienda se debe a un uso inadecuado o a un acto intencionado por parte del inquilino, este deberá asumir la totalidad del coste de la reparación o la indemnización, sin importar la envergadura del arreglo.
Daños en muebles y electrodomésticos: Reparto de responsabilidades y carga de la prueba
En el caso de viviendas que se alquilan amuebladas, la delimitación de responsabilidades por daños en muebles y electrodomésticos es más compleja. En primer lugar, la ley no obliga al propietario a proporcionar mobiliario. Si el contrato incluye muebles y electrodomésticos y estos se estropean debido al uso normal y al paso del tiempo (desgaste natural u obsolescencia), el inquilino no es responsable de su reparación o sustitución.
En esta situación, el propietario tampoco tiene la obligación legal de reemplazar el equipo por uno nuevo. El inquilino puede optar por comprar un sustituto por su cuenta y llevárselo al finalizar el contrato. El propietario solo tiene derecho a reclamar una compensación si puede demostrar que el daño fue causado por un mal uso por parte del inquilino. Según la ley, la carga de la prueba recae sobre el propietario que reclama, es decir, debe aportar pruebas que respalden su afirmación; de lo contrario, los tribunales no la admitirán.
Disputas con la fianza: Un problema común en la práctica

A pesar de la claridad de la ley, un problema muy extendido en la práctica del alquiler es que algunos propietarios tienden, al finalizar el contrato, a deducir directamente de la fianza del inquilino los costes de reparación, independientemente de a quién corresponda la responsabilidad. Ante esta situación, si la negociación no da frutos, la única vía que le queda al inquilino para recuperar la fianza retenida indebidamente suele ser iniciar un procedimiento judicial, lo que sin duda aumenta la dificultad y el coste de la reclamación.
La importancia del contrato: Especificar para evitar conflictos
Para minimizar este tipo de disputas, el método más eficaz es detallar y especificar claramente las responsabilidades sobre las reparaciones al firmar el contrato de alquiler. El contrato puede concretar qué tipo de arreglos se consideran “pequeñas reparaciones” y establecer el procedimiento y la asunción de costes para diferentes supuestos (como obsolescencia de electrodomésticos, daños accidentales, etc.). Un contrato de alquiler con un reparto de responsabilidades claro y detallado es la mejor garantía para mantener una relación contractual estable y evitar futuros litigios.