El calor extremo azota Europa y varios países enfrentan una crisis de incendios forestales
En el verano de 2026, Europa está experimentando un episodio de calor excepcionalmente severo. Según datos de la Organización Meteorológica Mundial, junio y julio de este año ya se han convertido en los meses más calurosos registrados en Europa Occidental. Al llegar agosto, la ola de calor no solo no ha disminuido, sino que se ha intensificado.
Los datos muestran que, hasta el 14 de agosto de 2026, aproximadamente 150 millones de europeos (cerca de tres quintas partes de la población del continente) viven en un entorno con temperaturas superiores a los 35 grados Celsius. Ese día, la temperatura máxima media en Europa Occidental alcanzó los 31.2 ºC, superando en 8 grados el promedio del mismo período entre 1961 y 1990. La persistente sequía y el calor han elevado drásticamente el riesgo de incendios, y al menos seis países, entre ellos Francia, Alemania, España y Grecia, luchan por controlar fuegos fuera de control.
Francia: Aumento de incendios provocados y preocupación por la implicación de menores

En Francia, el problema de los incendios provocados es especialmente grave. El Ministerio del Interior francés anunció el 14 de agosto que, en el mes y medio transcurrido desde el 1 de julio, se había detenido a 474 personas en relación con los incendios forestales. Sorprendentemente, 183 de ellas eran menores de edad. El informe oficial señala que, del total de detenidos, aproximadamente el 70 % (casi 330 personas) fueron identificados como autores de incendios intencionados.
Estos actos han tenido consecuencias devastadoras. Un incendio ocurrido en julio cerca del aeropuerto de Burdeos fue provocado por un joven de 15 años y causó la muerte de dos bomberos durante las labores de extinción. El incendio más reciente y grave tuvo lugar alrededor del 14 de agosto, cuando 1100 hectáreas de pinar en el pueblo de Luglon, en el departamento de las Landas, ardieron en 24 horas, obligando a la evacuación de más de 500 residentes. A finales de julio, la misma región ya había sufrido otros dos grandes incendios que calcinaron un total de 50.000 hectáreas.
Alemania: Incendios forestales detonan munición de la Segunda Guerra Mundial
La lucha contra los incendios en Alemania se enfrenta a un problema histórico singular. En el bosque de Hürtgen, en el estado de Renania del Norte-Westfalia, cerca de la frontera con Bélgica, los continuos incendios forestales han detonado munición sin explotar de la Segunda Guerra Mundial que permanecía enterrada.
A causa del calor abrasador, estas “reliquias históricas” han estado explotando en cadena. Por motivos de seguridad, las autoridades locales evacuaron de urgencia a unos 2300 residentes del cercano pueblo de Gey durante la noche del 13 al 14 de agosto. Debido al riesgo de explosión y a la complejidad del terreno, los bomberos no pueden operar de cerca. El 14 de agosto, el ejército alemán (Bundeswehr) desplegó tanques y helicópteros en la zona del incendio para ayudar a crear cortafuegos y supervisar la situación.
Un incidente similar ocurrió el mes pasado en el pueblo de Le Porge, en el suroeste de Francia, donde, tras un incendio forestal, se descubrieron inesperadamente más de 400 proyectiles y municiones de la Segunda Guerra Mundial.
España: El fuego amenaza monumentos y obliga al traslado de restos reales
En España, los devastadores incendios forestales amenazan importantes patrimonios históricos y culturales. En la comunidad autónoma de Aragón, en el noreste del país, las llamas se acercan peligrosamente al famoso Monasterio de San Juan de la Peña. Este monasterio, fundado en el siglo X, es considerado la cuna del Reino de Aragón y alberga su panteón real.
Para evitar una pérdida irreparable, la Unidad Militar de Emergencias (UME) del ejército español llevó a cabo una “operación de rescate” especial el 13 de agosto. Antes de que el frente del fuego llegara, los soldados embalaron y evacuaron de urgencia los restos de los tres primeros reyes de Aragón —Ramiro I, Sancho I y Pedro I—, junto con algunas reliquias del siglo XVIII y pinturas antiguas que se encontraban en el monasterio.
Este valioso patrimonio fue trasladado de forma segura al Museo de Huesca, a unos 80 kilómetros de distancia, para su custodia temporal. Hasta la mañana del 14 de agosto, el incendio en el norte de España ya había calcinado más de 9000 hectáreas, mientras que otro gran incendio en la provincia de Huelva, en el sur, causaba daños aún mayores, con una superficie afectada de 31.000 hectáreas.