Temblores continuos provocan una ansiedad generalizada

Entre el 15 y 16 de agosto de 2026, Granada y sus alrededores experimentaron una serie de seísmos continuos que, a pesar de no tener una magnitud devastadora, generaron un notable pánico psicológico entre la población. Según las inspecciones oficiales, los terremotos no causaron víctimas mortales y los daños en edificios se limitaron principalmente a desprendimientos de cornisas o leves fisuras en las paredes. Sin embargo, la levedad de las pérdidas materiales contrastó fuertemente con la presión psicológica sufrida por los ciudadanos. La sensación continua de temblor sumió a muchos residentes en un estado de alta tensión, y las redes sociales se llenaron de comentarios ansiosos sobre ‘pesadillas’ y ‘cuándo acabará esto’. Numerosos ciudadanos informaron de reacciones de estrés agudo, como hiperventilación, taquicardia e insomnio por el miedo a las réplicas.
Análisis de expertos: el círculo vicioso del miedo y el insomnio
El psicólogo granadino José Ortiz señala que muchos residentes están atrapados actualmente en un círculo vicioso de ‘miedo-insomnio’. Explica que el temor a los terremotos conduce directamente a una peor calidad del sueño, y la falta de sueño, a su vez, hace que el ‘sistema de alarma’ del cerebro se vuelva excepcionalmente sensible. En este estado, incluso un ruido leve del piso de arriba, una vibración normal de puertas y ventanas o la vibración del móvil pueden ser malinterpretados por el cerebro como una señal de otro terremoto, intensificando aún más el miedo y la ansiedad. Este estado de alerta fisiológica explica por qué, aunque racionalmente se sepa que la estructura de la vivienda es segura, el cuerpo es incapaz de relajarse.
Respuesta científica: de la intervención psicológica a las estrategias prácticas
Ante el pánico generalizado, los psicólogos enfatizan que la forma más efectiva de afrontarlo no es autoconvencerse de que ‘no volverá a temblar’, ya que nadie puede predecir las réplicas. Una mentalidad más constructiva es: ‘No puedo saber si habrá más terremotos, pero si ocurre de nuevo, sé cómo actuar’. Este cambio de enfoque, desde los factores externos incontrolables hacia las acciones personales controlables, es clave para reducir la ansiedad. Para ello, la Junta de Andalucía ha habilitado el teléfono gratuito de ayuda psicológica 900 102 513. Los profesionales de primeros auxilios psicológicos recomiendan que, ante un ataque de pánico, se intente reconectar con la realidad inmediata, por ejemplo, sintiendo conscientemente los pies en el suelo o nombrando en voz alta los objetos que se ven, para así interrumpir el círculo vicioso del pánico.
Atención a los grupos vulnerables: protección psicológica de niños y ancianos
Los expertos recuerdan la necesidad de prestar especial atención a las necesidades de niños y personas mayores en la recuperación psicológica post-desastre. Para los niños, la calma de los propios padres es el mejor tranquilizante. En lugar de insistir en ‘no tengas miedo’, es más útil reconocer con sinceridad que sentir miedo es una emoción normal, y practicar junto a ellos las medidas de emergencia en caso de seísmo para darles una sensación de control. En cuanto a las personas mayores que viven solas o tienen movilidad reducida, la comunidad y los familiares deben ayudarles a prepararse con antelación, asegurándose de que los medicamentos de emergencia, los dispositivos de comunicación (como el móvil) y la información de contacto de emergencia estén al alcance de la mano para reducir su sensación de desamparo ante una situación inesperada.
Alerta sobre los efectos a largo plazo y la búsqueda de ayuda profesional
Los terremotos de Granada han puesto de relieve una cuestión importante: el impacto psicológico de un desastre es mucho más duradero que el impacto físico. El seísmo en sí puede durar solo unos segundos, pero el estado de alerta y miedo que desencadena puede prolongarse durante días o incluso semanas. Los expertos aconsejan que, si un mes después de que los temblores hayan cesado, una persona sigue experimentando recuerdos angustiosos recurrentes (flashbacks) relacionados con el terremoto, sufre de insomnio grave y persistente, o ve su capacidad para trabajar y llevar una vida normal significativamente afectada, debe buscar ayuda psicológica profesional. Sentir miedo es una reacción normal ante una amenaza, pero el verdadero riesgo reside en permitir que la vida se estanque permanentemente en un estado de alerta, ‘esperando el próximo temblor’.