La reciente crisis migratoria en Ceuta, ciudad autónoma española en el norte de África, continúa poniendo a prueba las relaciones diplomáticas entre España y Marruecos. El Gobierno español, en su difícil gestión de una crisis que se considera orquestada por Marruecos, ha llegado incluso a sopesar la mediación al más alto nivel: la Casa Real.
Raíz de la crisis: pulso geopolítico y descontrol fronterizo
El detonante de la crisis se remonta al 30 de julio, cuando miles de migrantes entraron en Ceuta, en una oleada cuya magnitud se atribuye a una ‘relajación intencionada’ del control fronterizo por parte de Marruecos. Los analistas señalan que esta acción fue probablemente una represalia de Marruecos contra España. El trasfondo es la visita del presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, el 20 de julio a Argelia, rival regional de Marruecos, un acercamiento que tocó una fibra sensible en Rabat.
Aunque públicamente el Gobierno español sigue refiriéndose a Marruecos como un ‘vecino amigo y socio absolutamente fiable’, la tensión subyacente es evidente. Tras casi un mes de crisis, Marruecos llegó a amenazar con suspender el acuerdo de extradición con España, ensombreciendo aún más las relaciones bilaterales.
Mediación real: una jugada arriesgada y el contraste histórico
Para rebajar la tensión, el Gobierno español sondeó informalmente a la Casa Real la posibilidad de que el rey Felipe VI llamara personalmente al rey de Marruecos, Mohamed VI, para mediar. La intención era utilizar la comunicación directa entre monarcas para agradecer de forma protocolaria la ‘colaboración’ marroquí en la devolución de algunos migrantes y así desactivar la crisis.

Sin embargo, esta opción estaba llena de incertidumbre. Históricamente, el anterior rey de España, Juan Carlos I, gracias a su estrecha relación personal con Mohamed VI (quien se refería a él como ‘tío’), logró resolver con éxito varias disputas bilaterales. En contraste, la relación personal entre el actual rey Felipe VI y Mohamed VI es mucho menos cercana que la de la generación anterior. Esto generó dudas en la Casa Real sobre la ‘eficacia y pertinencia’ de la mediación, por lo que no se actuó de inmediato, a la espera de una petición formal por parte del presidente Sánchez.
Polémica interna: el juego político de una visita a Ceuta
Paralelamente, la crisis diplomática desató una controversia política en España. El presidente del Partido Popular, Alberto Núñez Feijóo, pidió públicamente que el rey Felipe VI visitara Ceuta como muestra de apoyo y tranquilidad para la ciudad. Feijóo llegó a afirmar que el propio monarca estaba dispuesto a ir, pero que el Gobierno de Sánchez se lo había impedido.
En respuesta, la portavoz del Gobierno, Isabel Rodríguez, lo negó y aclaró que la agenda del rey es gestionada por la Casa Real y no requiere la autorización del Ejecutivo. La propuesta del PP fue interpretada como una forma de presión política para resaltar la supuesta ‘debilidad’ del Gobierno actual en su gestión de las relaciones con Marruecos.
Riesgo potencial: una visita real podría agravar el conflicto
Enviar al rey de España a Ceuta es una propuesta de alto riesgo. Dado que Marruecos mantiene una reivindicación histórica sobre la soberanía de Ceuta y Melilla, las dos ciudades autónomas españolas en el norte de África, una visita del jefe de Estado español sería considerada una grave provocación. En 2007, la visita de los entonces reyes Juan Carlos I y Sofía a Ceuta ya provocó una enérgica protesta por parte de Marruecos.
El Gobierno de Sánchez es consciente de que, si el rey realizara la visita, no solo no resolvería el problema, sino que podría provocar un deterioro drástico de las relaciones con Marruecos e incluso la repetición de una entrada masiva de migrantes en la frontera. Por ello, el Ejecutivo evita a toda costa tomar una medida tan radical, que podría ser precisamente lo que busca una parte de la oposición, para no perder por completo el control de una situación ya de por sí compleja.