Un número récord de muertes estivales
Según los datos del sistema de Monitorización de la Mortalidad diaria (MoMo), gestionado por el Instituto de Salud Carlos III (ISCIII), dependiente del Ministerio de Sanidad, desde el 16 de mayo hasta el 31 de agosto de este año, el exceso de muertes atribuibles a las altas temperaturas a nivel nacional ha alcanzado un total de 5.234. Esta cifra marca un nuevo récord estival desde que el sistema comenzó a operar en 2015.
Por meses, la tendencia de la mortalidad ha sido creciente. En junio se registraron unas 937 muertes relacionadas, en julio se dispararon a 2.025 y en agosto (hasta el día 31) la cifra alcanzó las 2.149, convirtiéndose en el tercer mes con mayor mortalidad registrada, solo por detrás del pico de 2.217 muertes en julio de 2022.
El concepto científico de “exceso de mortalidad”
Es importante aclarar que no todas estas 5.234 muertes fueron causadas directamente por un golpe de calor. El sistema MoMo calcula una estimación del “exceso de mortalidad”, un modelo que combina los registros diarios de defunciones, los datos de temperatura y los patrones históricos de mortalidad para calcular el “número de muertes por encima de lo esperado” bajo condiciones de calor específicas.
Los expertos en epidemiología señalan que los casos directamente atribuibles a un shock térmico (golpe de calor) representan solo una pequeña fracción del total de muertes relacionadas con el calor, aproximadamente entre el 2% y el 3%. La gran mayoría de los fallecimientos se deben a que las altas temperaturas agravan patologías previas de los pacientes, como enfermedades cardiovasculares, respiratorias o insuficiencia renal, provocando una descompensación que conduce a la muerte.
El grupo de edad más avanzado: las víctimas más vulnerables

En esta crisis por calor, la edad es el factor de riesgo más determinante. Los datos muestran que, de los 5.234 fallecidos, un total de 5.068 eran personas mayores de 65 años. De ellos, 3.268 eran mayores de 85 años, lo que representa aproximadamente el 63% del total de fallecidos y subraya la extrema vulnerabilidad de este colectivo. En cuanto a la distribución por sexo, las mujeres se vieron más afectadas, con 3.143 muertes (un 60% del total), frente a 2.091 hombres.
Normalización del clima extremo y respuesta de la salud pública
Los datos preliminares de la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET) indican que la temperatura media de este verano ha sido unos 2,5 °C superior a la del período de referencia 1991-2020, superando el récord del año pasado de 2,2 °C. AEMET también señala que los cinco años más cálidos registrados (acumulado de enero a agosto) han ocurrido en los últimos cinco años, lo que indica que el calor extremo es cada vez más frecuente.
Expertos de la Sociedad Española de Epidemiología advierten que las olas de calor han pasado de ser un fenómeno meteorológico ocasional a un problema de salud pública grave y persistente. No solo suponen una amenaza directa para las personas mayores y los enfermos crónicos, sino que también ejercen una enorme presión sobre todo el sistema sanitario. A nivel europeo, la situación es igualmente preocupante: se estima que al menos 35.000 personas podrían haber muerto prematuramente en todo el continente este verano debido al calor. Los expertos instan a que se vaya más allá de las medidas de protección individual, estableciendo sistemas de alerta de salud pública y de protección social más robustos, y tomando medidas a nivel macro, como la planificación urbana y la lucha contra el cambio climático, para mitigar los riesgos de futuros fenómenos meteorológicos extremos.